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Hace un par de semanas podríamos haber tenido un accidente de tránsito grave. Venía volviendo de Pinamar tipo cuatro de la tarde y con la ruta tranquila. Me quedé dormido y de golpe me despertó un grito del acompañante. Cuando abro los ojos siento un golpe y veo que estamos entrando al pasto de la banquina del lado de la contramano. Sin pensarlo, comencé a gritarle instrucciones al que manejaba. “¡El volante derecho! ¡No intentes volver a la ruta! ¡Apunta derecho y no volantees! ¡Andá frenando muy de a poco!”. Creo que todo duró menos de 15 segundos, supongo que entramos a la banquina a más o menos 120km/h, pero frenamos bastante bien, en más o menos 300 metros. Salió todo bien.

Al parecer, se quedó dormido el conductor y se fue para la contramano. Tuvimos suerte por muchos factores, porque no venía nadie de frente, porque no había ni árboles, ni carteles, ni zanjas, ni alambrados, ni nada en la banquina que tenía el pasto corto impecable y porque el que manejaba logró controlar el auto sin que vuelque (faltó muy poco en un momento). Pero no solo tuvimos suerte, también hubo cosas que no son parte de la suerte, la camioneta estaba en perfecto estado y bien preparada para salir a la ruta (responsabilidad del dueño), la banquina era muy ancha y estaba en buenas condiciones (responsabilidad del que mantenga la ruta 11) y el que manejaba logró dominar la camioneta y frenar (habilidad de él).

Un párrafo aparte para la buena gente que paró en la banquina y se acercó a ver como estábamos y ofrecer su ayuda cuando logramos frenar. Entre mucho pesimista, yo sigo reconociendo que hay muy buena gente dando vueltas por ahí. A ellos muchas gracias, en ese momento solo queríamos seguir nuestro camino y no les dimos las gracias lo suficiente.

Si una experiencia así se aprovecha, se pueden aprender muchas cosas. Si se toma conciencia de lo que podría haber pasado, se aprende a valorar más la vida, que puede terminar en cualquier momento. Literalmente en cualquier momento. Se aprende a que hay que salir descansado a la ruta y que nunca se pueden dormir todos los acompañantes. Y entre varias otras cosas, yo valoré y reconocí la importancia de estar pre-programado. (No creo que ese sea un término científico, pero expresa un poco lo que pienso).

Ese día, mis gritos con instrucciones no salieron porque sí. Yo no me desperté y pensé “¿Qué hay que hacer si te vas con el auto a la banquina?”. No tardé más de un segundo en reconocer lo que estaba pasando y comenzar a gritar lo que, para mí, había que hacer. Yo ya tenía muy metido en mi cabeza qué había que hacer.

Desde que tengo uso de razón, en cada vacación y cada vez que salgo a la ruta con mi viejo, al menos una vez me dice qué hay que hacer si te vas a la banquina. Volante derecho, no volantear, no volver rápido a la ruta, frenar de a poco. Creo que habré escuchado eso más de 100 veces en mi vida. Como hijo, cada vez que lo escucho decir eso siento que es un hincha huevos, ¡¡ya lo escuché 100 veces!! En general, uno no mide a sus padres como al resto de la gente lo haría. Hoy sin embargo lo valoro muchísimo. Yo no creo que mis gritos nos hayan ayudado demasiado ese día, pero sí creo que si yo hubiera estado manejando hubieran sido clave.

¿Qué harías si estás en un accidente grave de auto, tren o avión? ¿Y si tenés que sacar a un niño de una pileta porque se está ahogando y perdió el conocimiento? ¿Y si ves que una parte de tu casa se prendió fuego? ¿Qué harías si alguien al lado tuyo se atraganta y no puede respirar? ¿Y si ves un ladrón robando a una persona con arma de fuego? Etc.

Yo no tengo respuesta instantánea para todas estas, pero sí para varias. Mi punto es, hay que dedicar tiempo a pensar en estas cosas. La mayoría de estas situaciones que planteé ya cuenta con “buenas prácticas”. Ya hay experiencia acumulada que demuestra cuál es la mejor solución. Hay que aprenderlas. Yo hice ya 2 o 3 cursos de primeros auxilios y RCP en mi vida. Claramente no soy un experto, pero tengo las bases. Hoy en día me estoy olvidando algunas cosas por lo que tendría que hacerlo nuevamente. Ojalá nunca me toqué ponerlo en práctica.

Pensar de antemano qué hacer en situaciones límite tiene muchas ventajas. Se eliminan de la mente un montón de opciones que ni se consideran, lo que acorta significativamente el tiempo de reacción. Se está mucho más tranquilo porque uno sabe que lo que está haciendo es correcto, y puede sentirse en control de una situación que nunca vivió realmente. Por algo se hacen los simulacros. A mí nunca me tocó estar en ninguno, así que trato de pensarlos en mi cabeza.

El ejercicio de averiguar qué hacer en emergencias obliga a pensar en la prevención. Cosas como “No dejes el repasador arriba de la cacerola”, “mangos de sartenes van para adentro”, “nada de venenos en armarios de comida o remedios”, “no andes descalzo tocando cosas con corriente”,  etc. son también frases que escuché mil veces y que aprendí a tener presentes.

Esta semana yo ya pensaba escribir este post, que iba a terminar más o menos en el párrafo anterior. En eso, tuve una situación de discusión típica donde cada uno estaba en su posición y no me podía dar cuenta porque lo que decía afectaba tanto a la otra persona. Hice el esfuerzo de ponerme en su lugar. Sinceramente hice un gran esfuerzo, primero dominé mi enojo, me calmé, me serené y logré ponerme en el lugar del otro. Ahí comprendí muchas cosas que pude poner en palabras y aflojar un poco la tensión con la otra persona.

Me di cuenta que no estoy pre-programado para ponerme en el lugar del otro. Me costó un esfuerzo terrible. Y ahí me di cuenta que esto de la pre-programación se puede usar en muchísimos ámbitos. Podría haberme dicho a mi mismo mil veces, en discusiones siempre trata de ponerte en el lugar del otro, y sin duda hoy me sería más fácil. Pienso en otras cosas que podría pre-programar en mi vida y se me ocurren situación como, si estás enojado pensá tal cosa, si estas cansado, hace tal cosa. Creo que eso nunca lo había hecho. Voy a ver si me puede ayudar, en unos años les cuento.

Sin duda, voy a empezar con ponerme en el lugar del otro. “En una discusión, siempre ponete en el lugar del otro”.

Foto por s0fis0l