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Asch_experimentEn el blog de Juan Carlos Lucas leí un post sobre el libro El Elemento, de Sir Ken Robinson, un experto en educación, y me interesó leerlo. El libro tiene muchas cosas interesantes sobre cómo encontrar qué es lo que a uno lo hace feliz, y qué factores hacen que logremos hacerlo.

En ese libro encontré una referencia a un experimento que me pareció muy interesante y me dejó pensando. Solomon Asch, psicólogo nacido en Polonia que estudió y se doctoró en Estados Unidos, realizó en la década del 50 el “Experimento de conformidad con el grupo”.  En este experimento se les pedía a estudiantes que participaran de una “prueba de visión”. En realidad, todos los participantes del experimento menos uno, eran cómplices para evaluar el comportamiento del participante real ante la presión de la opinión del resto del grupo. Se les mostraba una pizarra con una línea de referencia y otras tres de distintos largos, y se les pedía que indicaran qué línea era igual a la original. Lo interesante del experimento era que los cómplices debían deliberadamente elegir mal la respuesta. Los resultados demostraron que en el 33% de los casos el individuo respondía  mal “a propósito” siguiendo la respuesta del resto del grupo. Sin embargo, al realizar el experimento escribiendo la respuesta, en vez de diciéndola en voz alta, en el 98% de los casos escribían la respuesta correcta.

Les dejo un video que en dos minutos muestra claramente el experimento.

 

Ahora, ¿por qué se dio ese resultado? Cuando terminaba el experimento se les preguntaba por qué habían respondido mal. La mayoría decía que no quería quedar en ridículo con el grupo; y una minoría decía que realmente pensaba que el resto estaba eligiendo la respuesta correcta. Esto es llamativo. Tanto puede afectar la opinión del entorno que uno puede llegar a creer que está equivocado realmente, ojo, puede pasar que realmente uno esté equivocado, ¡pero que te convenzan con fundamentos! No habría que sentir que estás equivocado solo porque el resto piensa distinto.

¿Creen que nos pasa ésto en la vida real? Algunos científicos criticaron duro a Asch diciendo que éste experimento de laboratorio no se podía generalizar a la vida real. Yo no estoy de acuerdo. Creo que muchos de nosotros somos influenciados a actuar o elegir mal para no quedar en ridículo. Creo que esto pasa en muchos entornos: en organizaciones, en empresas, en familias, con amigos, etc. Creo que a veces algunos miembros del grupo saben que la cosa no va bien, pero nadie dice nada para no ser el que arruina la fiesta. Es difícil tener que contradecir a un grupo, sobre todo si alguno con los que no estás de acuerdo es un líder fuerte. Si todos dicen algo que a vos no te parece, por algo será, ¿no?

El enemigo del pueblo, es una obra de teatro escrita por Henrik Ibsen en 1882. Hace más de 100 años este dramaturgo planteaba una situación en la que un doctor se planta contra todo su pueblo al denunciar que el agua del balneario (principal atracción turística y sustento económico del pueblo) está contaminada. Pelea contra todos los intereses económicos del pueblo, la prensa, el alcalde (su hermano) y la “mayoría compacta” de la gente. La obra termina con el doctor y su familia abandonando el pueblo para salvar su vida. Hace unos años estuvo presentándose en el teatro San Martin. Me vino a la cabeza porque en ese caso, el doctor se pudo liberar del “conformismo” y hablar contra la creencia del resto de su pueblo. El autor radicaliza el concepto cuando el protagonista sostiene a viva voz que “La mayoría nunca tiene la razón”. Es una obra muy interesante que sigue vigente 130 años después.

El concepto de conformismo está muy relacionado al de Pensamiento Grupal, estudiado por Irving Janis. El pensamiento grupal se da en grupos muy cohesionados que tienden a minimizar conflictos en búsqueda de consenso, evitando el análisis crítico de las situaciones. Hay muchas razones para llegar a esta situación: grupos muy aislados, miembros muy homogéneos, contexto altamente estresante, entre otras. El resultado básicamente son grupos que toman decisiones erradas, principalmente por falta de análisis de alternativas. Para solucionarlo, Janis detectó siete aspectos a tener en cuenta, entre los que se destaca que los grupos deberían asignar a cada miembro un rol de evaluador crítico, que sea el “abogado del diablo” que vaya cambiando en cada reunión.

Estemos atentos, tenemos que pensar por nosotros mismos y animarnos a hablar cuando el grupo” piense distinto. No solo eso, tenemos que lograr que los demás digan realmente lo que piensan y no lo que les parece que sería mejor decir. A un empleado le puede costar mucho decir realmente su punto de vista sobre un tema cuando sabe que su jefe está en una postura distinta, solo por poner un ejemplo.

¿Estás de acuerdo conmigo, verdad? Si no están de acuerdo, ¡comentá!,  por si me estoy equivocando…