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happy-sad-facesHay que saber sentir. Aunque parezca una locura, o un imposible, hay que saber sentir. Hoy me di cuenta de algo que me podría llegar a cambiar la vida si logro hacer que sea parte de mi vida. Uno elije como sentirse, uno elije en qué estado de ánimo estar. Tan sencillo y tan complicado como eso.

Les voy a contar de donde me vino esta idea, que es tan básica como difícil de poner en práctica, así entienden un poco más a que me refiero.

Básicamente hoy tuve uno de esos días en los que uno quisiera no haberse levantado, o como escuche el otro día, una de esas noches en las que antes de acostarse estaría bueno que alguien te pregunte si “desea guardar los cambios” del día. Lamentablemente, en Covac, hoy perdimos una obra que teníamos muchas ganas de ganar. Yo había trabajado mucho para la cotización, además de haber acercado el cliente. Esto me puso de mal humor. Para colmo, tuve una fuerte discusión con mi viejo (que es también mi jefe) sobre por qué habíamos perdido. El estaba de muy mal humor y eso incrementó mucho más mi mal humor. Al rato yo ya estaba dominado por ese estado negro que todo lo va infectando. Estando así, recomiendo fuertemente tratar de ¡no hablar con nadie!, sobre todo no hablar con compañeros de trabajo a los que haya que reclamarles algún tema. Uno dice cosas que no piensa o se expresa mal o se sigue enojando más y más.

A mí personalmente me cuesta mucho salir del mal humor. Me domina y empieza a hacer que haga un montón de cosas mal. Me cuesta hablar con gente, me cuesta salir, me cuesta escuchar, me cuesta trabajar y a la vez sigo pensando todo el tiempo en eso que me puso de mal humor. Para colmo, me pongo bastante fácil de malas. No sé por qué, me afecta mucho el mal humor de otra gente. Cuando alguien está mal es como si yo no tuviera defensas, me pone de mal humor casi instantáneamente, sobre todo si llega a estar enojado conmigo o criticándome algo. Si sí, soy un cabrón. Por suerte lo sé, y trato de trabajarlo. En ese tratar de trabajarlo y en el medio de mi bronca de hoy, cuando logré salir de la oficina (a la que tengo que volver mañana sábado, muy temprano) traté de ponerme a pensar. Por suerte, me tocaba ir a ver a mi psicóloga hoy (todavía me da un poco de vergüenza decir que voy a análisis, es un viejo prejuicio que tengo, pero la verdad, es que me ayuda) y arranqué con todo.

“Vengo muy acelerado y de muuuuuy mal humor”. Luego de estar charlando casi 50 minutos, sin ver clara la salida de mi estado de malestar, de golpe y sin verlo venir, se me apareció. Fue como una revelación. El que está de mal humor soy yo. El que se pone de mal humor soy YO. Nadie te puede poner de mal humor. Nada te puede poner de mal humor. Es tan sencillo como eso.  Si uno se pone a pensarlo, ese o eso que siempre te pone de mal humor, en realidad no puede meterse en tu cabeza, no puede hacer que vos te sientas mal, salvo que vos elijas eso. Salvo que vos dejes que te domine. A mí se me pega el mal humor de otros, ahora creo que ya tengo un pequeño anticuerpo que espero transformar en una inmunidad permanente. El que está de mal humor soy yo, y si soy yo, tengo que poder elegir.

Alguna vez les pasó estar de mal humor y que cuando les preguntan ¿Por qué estas de mal humor?  “No sé, estoy de mal humor”. ¡Ni siquiera sabemos bien qué nos puso de mal humor!, pero él sigue ahí. ¡Y qué difícil es sacarlo!

Por suerte hoy logre escaparle a mi mal humor, espero que mañana cuando suene el despertador y tenga que ir a trabajar, logre entender que, por lo menos, estar de malas o no, lo puedo elegir. Sera cuestión de aprender a sentir.