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Los cambios dan miedo. Siempre dan miedo. No importa que tanto nos preparemos ni que tan flexibles seamos, los cambios grosos dan miedo. Lo bueno es que cuando los cambios son para bien, cuando uno al final se adapta, se disfrutan muchísimo.

Mi 2012 fue un año de cambios fuertes.

Para arrancar tranquilo el año, en febrero cambié de estado civil. Un paso que parecía una pavada después de vivir más de 4 años juntos, pero que tuvo su gran cuota de cambio. Definitivamente no es lo mismo estar casado que convivir. Es difícil de explicar cuáles son las grandes diferencias o el gran cambio, pero se siente distinto. Este cambio trajo aparejadas peleas pre-casamiento, fiesta, luna de miel y alegrías renovadas. No voy a ahondar mucho en el tema porque casi no aplica al blog, pero fue uno de los grandes cambios del año.

El otro gran cambio fue zafran. Arranqué el año trabajando full time en Covac, dedicando tardes y fines de semana a armar mi propio emprendimiento, y terminé al revés. Ahora trabajo full time en zafran y hago algunas cosas para Covac las tardes y fines de semana. También me encargo del fideicomiso que armé, pero principalmente mi tiempo está ocupado en hacer de zafran una gran empresa de alimentos. En lo laboral, fue el mejor cambio de mis últimos años. Mi día a día mejoró rotundamente. Disfruto estar haciendo el trabajo que hago, y eso es impagable. Sin embargo, no deja de ser un cambio de rutina fuerte. Las responsabilidades son totalmente distintas. Por supuesto arrancar tu propio emprendimiento puede dar miedo, pero la verdad es que te llena de satisfacción.

 

El año que viene se vienen todavía muchos más cambios, no voy a adelantar demasiado, pero a priori parecería que se viene el año más movido de mi vida, que nunca fue tranquila. Espero que sigan siendo tan positivos cómo fueron los del 2012.

 

Espero que el 2013 sea un feliz año para todos.